Suplemento: La paidofilia y otras miserias humanas en tiempos de Internet (2ª Parte)

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Dinámica del abuso contra los niños 

Los agresores sexuales, en general, son figuras de afecto o autoridad muy próximas al niño, condición indispensable para poder acercarse a ellos y desde la manipulación, engaño, seducción, amenaza o coacción lograr abusarlos, en el mayor de los secretos, ya que cuentan en general con el silenciamiento del menor por sus características evolutivas, culpa, miedo, vergüenza, desconcierto. 

En este vínculo de asimetrías y poder que representa el abuso sexual a menores, poco se entiende el entramado que se juega en él, generando asombro y consternación cuando algún caso sale a la palestra, creyéndolos hechos aislados, producto de mentes perversas. 

Su dificultad para visualizarlo nos enfrenta con el tabú del incesto y una doble moral digna de ser revisada. 

Pertenecemos a una sociedad donde los modelos sexuales de erotización cada vez más recaen sobre casi niñas y adolescentes que exhiben sus cuerpos para incentivar las fantasías de los congéneres masculinos, que se regodean de placer real o imaginario, total “no son sus hijas”. 

Esta infantilización del objeto erotizante es por lo menos significativa, amén de la objetivación que implica para la mujer seguir ocupando la categoría de fetiche sexual.

Las púberes sex symbol, alimentan las fantasías de los paidofílicos y desvían las fantasías incestuosas masculinas hacia un permitido lugar imaginario. 

Otra contradicción y rareza social respecto de la sexualidad, es la promoción y casi legalización de otras categorías consideradas por la psicopatología tradicional así como la paidofilia, como conductas desviadas del fin sexual normal, tal el caso de la homosexualidad en todas sus formas. 

El travestismo, especialmente, está casi naturalizado en los medios, con su poderosa influencia en los niños que empiezan a ver como natural esta alteración de identidades sexuales.

Lejos de erradicar lo otrora patológico, lo hemos transformado en una cuestión de derechos humanos creando un caldo de cultivo para todo tipo de transgresiones sexuales. 

En este todo vale, en el que además el sexo más que un encuentro humanizado es una conquista, una urgencia objetivada, la búsqueda narcisista de placer inmediato con una priorización de lo virtual antes que lo posible, no nos horroricemos de que exista tanto abuso hacia los niños. 

Más allá de las inscripciones culturales del problema, el abuso sexual a menores en todos los casos, es uno de los peores atentados a la niñez y deja huellas difíciles de borrar, generando en muchos casos un futuro agresor, entre otras consecuencias irreparables.  

Perfil de los agresores 

No existe un perfil único de agresores sexuales ni una sola categoría.

Los hay incestuosos, paidofílicos exclusivos o no, extrafamiliares (que abusan de niños fuera de la familia), psicopáticos, alcohólicos, obsesivos, depresivos, violentos o no, pobres y ricos, hetero y homosexuales, con preferencia por varones o nenas, por púberes o adolescentes por uno o varios niños.

En general todos tienen doble fachada, lo cual hace difícil detectarlos. 

Muchos son intachables trabajadores, profesionales, maridos y hasta padres.

Reducir el problema al ámbito psicopatológico y asignarles el carácter de enfermos a los agresores, es un reduccionismo justificatorio y un error conceptual que nos hace perder de vista el problema.

Con ese criterio los psiquiátricos deberían estar plagados de ellos y las cárceles con ausencia de los mismos, pues por su enfermedad no serían capaces de discernir sus actos, ergo imputables.

Los abusadores sexuales son concientes de sus acciones y más allá del intento de explicación, los únicos responsables de la ocurrencia del abuso.  

Categorías de agresores sexuales 

Vayan algunos de los subtipos más frecuentes, para que aprendamos a reconocerlos:

El incestuoso en general es proveedor de su prole, se acerca a sus víctimas, en general hijas, desde una posición de seducción y actitud protectora, cree que debe ser él quien las introduzca en la sexualidad adulta ya que son su propiedad. P

ueden o no usar la violencia. En estos casos muchas veces hay un sistema familiar que convalida el incesto, un como si, en el que nadie sabe pero todos saben.

La homeostasis del grupo debe ser conservada a toda costa y el incesto y su silenciamiento colabora a ello.

El incestuoso defiende y provee y hasta puede ser cariñoso y protector fuera de su sexualidad abusiva.

El incesto suele ser común en las zonas rurales donde la inscripción de la ideología patriarcal (la mujer y las hijas como propiedad del varón padre) es muy marcada y no existen muchas posibilidades de relación con el mundo externo.

Muchos incestuosos tienen posibilidades de recupero, ya que el sustento de su abuso es del orden de lo ideológico junto a la erotización del poder. 

El abusador psicopático es aquél que abusa con violencia, el uso de la fuerza, la intimidación, la amenaza le sirven para obtener sus fines.

Su actuar está totalmente disociado del sentir, carece de normativas internas, culpa y su fin es la utilización del otro, en este caso el niño o adolescente para satisfacer sus instintos inmediatos. 

No tiene una inclinación sexual exclusiva hacia los menores y en general es heterosexual con parejas adultas.

El agravante es que el ofensor sexual psicopático puede llegar a matar a su víctima para no ser descubierto.

El niño/a es un mero objeto de satisfacción que toma acorde sus necesidades.

De ser descubiertos, terminarán seguramente presos, pero no sólo por este hecho sino porque suelen tener frondosos antecedentes delictivos.

Es difícil revertir esta patología por lo que es probable que puedan reincidir cuando terminan la condena. 

El abusador paidofílico exclusivo tiene como fin sexual último al menor (sólo con un niño/a puede lograr excitación y satisfacción del instinto sexual) aunque puede aparecer bajo un formato combinado, es decir tener también relaciones heterosexuales adultas que generalmente no le dan placer.

En general muchos de esta categoría han sido abusados de chicos por sus propios padres o cuidadores, reproduciendo en su adultez la cadena transgeneracional del abuso.

Estos son los que en general no se recuperan. 

No existen en Córdoba programas de rehabilitación para los ofensores sexuales, el desconocimiento del tema y los prejuicios alrededor, llevan a formulaciones irrisorias como «hay que matarlos a todos» o «que se pudran en la cárcel», olvidando que sólo muy pocos de los agresores son condenados porque son pocos los abusos que salen a la luz o se denuncian. 

Si no hacemos nada por los que quedan en la cifra negra (¿1 a 4 de cada 10?) nuestros niños están condenados al encuentro inevitable con uno de ellos y si los matamos a todos es probable que se genere una disminución poblacional importante.

Ni qué hablar sobre cómo controlar estos nuevos abusos cibernéticos por todo el dinero que se mueve tras él. 

El Estado tampoco ha implementado campañas de concientización respecto a la problemática apuntando a modificar la ideología que sustenta el abuso.

No es suficiente su penalización, debemos cambiar el imaginario social respecto a las cuestiones referidas a género, sexualidad y la consideración del niño como sujeto de derecho. 

Si no revisamos esta ideología de doble moral, el abuso será una cadena sin fin, en la que las víctimas de hoy serán los abusadores de mañana y la sociedad toda cómplice de la continuidad de tan cruenta realidad.  

(*) Psicoterapeuta de niños víctimas. Ex coordinadora de Salud Mental del Comité de Maltrato del Hosp. InfantilDocente en Diplomaturas de Violencia Familiar. Univ. Siglo 21Capacitadora del Programa de Violencia Familiar del Ministerio de Justicia- año 2006 en Violencia contra el Menor y Abuso Sexual.


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