Para qué le sirve la izquierda a Washington en América Latina? (Segunda Parte)

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Por Manuel Freytas (*) Los gobiernos “de izquierda” De esta manera, se ingresó en la era de las “revoluciones políticas” (o discursivas) de los gobiernos “progresistas”, sin cambiar el sistema económico basado en la propiedad privada capitalista, la explotación del hombre por el hombre, y sin producir ningún vuelco estratégico sobre el control del orden económico, político y social establecido por los bancos y las trasnacionales, protegidos bajo la bandera del Imperio norteamericano. De esta manera, el destino de la revolución de izquierda ya no está en manos de líderes y organizaciones guerrilleras que luchan en la clandestinidad por la toma del poder armado, sino en manos de gobernantes de estados burgueses legitimados por elecciones como Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré Vázquez y la reciente incorporación de Evo Morales. El Departamento de Estado acuñó un término para definir a esta nueva corriente: “izquierda políticamente correcta”. Al no plantear el “cambio del sistema” sino la “reforma del sistema”, al no cuestionar la esencia genocida y explotadora del hombre por el hombre del sistema capitalista, la “nueva izquierda” se convierte en un necesario “rostro progresista” del capitalismo cuya función es corregir lo que funciona mal, principalmente en el campo social y económico. En lo ideológico la “nueva izquierda” no se opone al capitalismo como sistema de dominio totalizado (económico, político, militar, social-cultural  y mediático), sino al rostro “derechista” del capitalismo expresado por los grupos políticos y/o personas identificadas con pensamientos e ideologías “conservadoras”.  Por lo tanto, y sin salirse de los marcos del sistema burgués-capitalista, la “nueva izquierda” se plantea como alternativa “revolucionaria” al “neoliberalismo” de la derecha conservadora sin quebrar las estructuras de poder del sistema capitalista. Lo que hoy se conoce como “izquierda democrática”, “izquierda civilizada”, o “nueva izquierda”, es solo la expresión de un discurso formal, sin posibilidad de ser implementado en la práctica. ¿Y porqué no puede ser implementado en la práctica?Sencillamente porque la izquierda (asimilada al sistema mediante las prácticas electoralistas), cuando accede al gobierno, lo hace en el marco de un Estado burgués (Ejecutivo, Parlamentario y Judicial) controlado en todos sus niveles por el poder económico del sistema capitalista. Por lo tanto, es absurdo pensar que un gobierno de izquierda que accede por elecciones (sin destruir las estructuras económicas y políticas del capitalismo) pueda hacer otra cosa que gerenciar el Estado burgués para los intereses de los grupos económicos que controlan (y se reparten) el sistema económico-productivo y los recursos naturales de los países dominados. Si Chávez, por ejemplo, quisiera llevar a la práctica real su discurso revolucionario tendría que sustituir al Estado burgués venezolano y a las  estructuras del poder capitalista que lo sostienen. Concretamente, Chávez, para salirse del discurso vacío y concretar la revolución socialista y transformadora en Venezuela, tendría que expropiar (y sustituir con otro poder) al poder capitalista que controla el Estado burgués y las estructuras económicas, políticas y mediáticas en Venezuela. ¿Cuántos seguirían en ese objetivo a Chávez?. Nadie. La estructura burocrática que acompaña a Chávez (léase funcionarios, partido, etc,) no es revolucionaria sino capitalista, y el Estado que gerencia Chávez no es un “Estado revolucionario” sino un “Estado burgués” de los bancos, petroleras y empresas trasnacionales que controlan (cualquiera lo puede verificar estadísticamente) el sistema económico productivo y el principal recurso estratégico del país: el petróleo. Chávez, aunque quisiera, no podría llevar a la práctica su discurso revolucionario sin expropiar la propiedad capitalista y tomar por la fuerza al “Estado burgués”, y los primeros que lo impedirían y terminarían con Chávez serían los que lo rodean y se valen del Estado burgués para concretar sus ambiciones políticas y económicas. Chávez, y él lo sabe, no puede traspasar los límites del “discurso antiimperialista” para consumo mediático: el día que intente hacerlo el sistema se lo deglute como una mariposa. Todo lo que sostiene a Chávez (fuerzas armadas, policía, servicios de inteligencia, y/o estructuras burocráticas del Estado) no es de Chávez sino del sistema capitalista que se vale de él para controlar Venezuela dentro de los márgenes de la “gobernabilidad democrática”. Así como el Departamento de Estado y la CIA lo sacaron (golpe de abril del 2002) y lo restituyeron en el gobierno ante la “impresentabilidad” de los golpistas en el plano internacional, en el momento que Chávez intente otra cosa que no sea hablar, tiene los segundos contados en el gobierno. Los márgenes de Chávez para cosechar rentabilidad, fama mediática  y poder político con el discurso de “izquierda antiimperialista” tienen un límite preciso: el día que lo transgreda “Chávez fue”. El lector va a tener oportunidad de comprobarlo: todo se comprueba con el desarrollo y el salto cualitativo de los procesos. Es una ley inexorable.  Las “gerencias de enclave” Cuando el sistema capitalista trasnacional con EEUU a la cabeza (mediante la introducción del “libre mercado” y las privatizaciones de empresas estatales en la década del 90) convirtió a los “Estados nacionales”  en “Estados trasnacionales”, se revirtió la funcionalidad y la misión de la herramienta “Estado” en los países dependientes. El viejo “Estado nacional” controlado por las oligarquías locales, fue sustituido por el “Estado trasnacional” controlado por las empresas trasnacionales que utilizan a los países como “satélites” (o terminales de mercado) de sus políticas de expansión y de acumulación capitalista, con las oligarquías locales asimiladas como socias en el nuevo sistema. En este contexto, lo que antes era “nacional” se convierte en “trasnacional”: se rompen los marcos localistas, se nivela un mismo discurso, una misma moda, una misma forma de consumir, una misma forma de elegir gobierno para todo el planeta, incluido el mundo subdesarrollado y dependiente. Asimilada dentro de la nueva estrategia de dominio “democrático” y del “Estado trasnacional” exportados por Washington, la “izquierda civilizada”, sigue los parámetros de la lucha contra el “militarismo” y la “derecha” de la década del 70, sin los objetivos concretos de toma del poder que guiaban a la izquierda armada revolucionaria de entonces. Y se produjo una situación paradojal:  La izquierda, pacificada y sin objetivos revolucionarios, alienada por la lucha contra un enemigo en extinción (los golpes de Estado y las dictaduras militares que fueron sustituidas por el dominio con democracia y elecciones) convirtió en nueva bandera la “guerra electoral” contra la derecha política en los marcos de la democracia parlamentaria burguesa. Al abandonar sus postulados setentistas de “toma del poder” y adoptar los esquemas de la democracia burguesa y el parlamentarismo como única opción para acceder a posiciones de gobierno, la “nueva izquierda” se convirtió en una opción válida para gerenciar el “Estado trasnacional” del capitalismo en cualquier país de América Latina. La asociación beneficiosa entre la “izquierda civilizada” y el establishment del poder capitalista es obvia: el sistema (por medio de la izquierda) crea una “alternativa de gobernabilidad” a la “derecha neoliberal”, y la izquierda (y los izquierdistas) pueden acceder al control administrativo del Estado burgués sin haber hecho ninguna revolución. Y nació el distintivo axiomático que guía a los gobiernos “progresistas” en la región: hacer discursos con la izquierda y gobernar (con y) para los intereses de la derecha.Los presidentes “progresistas” Los presidentes “progresistas”, que hablan por izquierda y ejecutan los programas económicos y la estrategia regional de Washington por derecha, son el nuevo producto del marketing imperial vendido con urnas y elecciones. De esta manera, la izquierda,  se ha convertido en la “cara alternativa” de dominio del Imperio en América Latina. ¿Se puede pensar que Washington fabrique candidatos y/o presidentes funcionales a su estrategia presentándolos como “enemigos de EEUU”? Para quien quiera verlas, las pruebas están a la vista: Chávez, Kirchner, Lula, Evo Morales, fueron (y son) presentados como elementos discordantes o enfrentados (caso de Chávez) a la estrategia de Washington en la región. Al margen de su discurso “antiimperialista”, o de “izquierda”, ninguno de esos presidentes rompió (ni va romper) con la lógica de la dependencia al capitalismo transnacional: Brasil, Argentina, Venezuela, por ejemplo, tienen sus sistemas económico-productivos y recursos naturales atados y controlados por los bancos y corporaciones multinacionales que, a su vez, conforman el núcleo estratégico de negocios del denominado “Mercosur”. Al margen de su “soberanía formal”, esos Estados burgueses funcionan en la práctica como “economías de enclave” con los grupos oligárquicos locales asociados a las redes financieras, comerciales e industriales del capitalismo transnacional. Y sus presidentes -como emergente de la realidad- pasan a cumplir el papel de “gerentes de enclave” dentro del “Estado trasnacional” compuesto por una fachada formal de “Estado Nacional” (Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial). En este contexto de formalidad controlado por la trasnacionales capitalistas y su poder de policía en la región (el Imperio norteamericano) da lo mismo que un presidente hable con discurso de “izquierda” o de “derecha”, no importando lo que diga sino lo que haga. Esto permite, por ejemplo, que Chávez se erija (discursivamente) en el principal enemigo de EEUU (el Imperio yanqui) mientras el sistema económico productivo de Venezuela se encuentra en manos de los bancos y multinacionales capitalistas que hegemonizan, junto a las petroleras multinacionales, la explotación de los recursos venezolanos y de su estructura de servicios. Paradojalmente, y como lo demuestran las estadísticas y la historia reciente, estos “presidentes de izquierda” que cumplen funciones de “gerentes de enclave” de las trasnacionales y sus socios locales, siempre son lanzados al mercado electoral en carácter de “enemigos a muerte de EEUU y las trasnacionales”. ¿Esquizofrenia? Nada de eso: estrategia de doble discurso y asimilación del enemigo en un marco de aprovechamiento político imperial. Como dijimos, en su lógica pragmática de dominio EEUU y el sistema capitalista trasnacional utilizan un principio estratégico: destruir, controlar, o asimilar al enemigo. Y como la izquierda ya no representa al “enemigo”, se ha convertido en lo que es: la nueva cara de “gobernabilidad” del Imperio.  [*] Manuel Freytas / IAR Noticias (Latinoamérica)

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