Las Gorgonas de Kirchner

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LAS GORGONAS: MUJERES K QUE PONEN EN APRIETOS AL GOBIERNO  Por Carlos Machado      Según la mitología griega, las Gorgonas eran tres mujeres monstruosas llamadas  Estenae, Euríale y Medusa. Sus cabezas estaban rodeadas de serpientes en lugar de cabellos, tenían grandes colmillos, manos y garras de bronce y alas de oro, y su mirada era tan penetrante como para convertir en piedra a aquellos que osaran mirarlas a los ojos. Estas Gorgonas eran temidas no sólo por los hombres, sino también por los dioses.    Finalmente fue el héroe Perseo quien se encargó de una de ellas, Medusa, al cortarle la cabeza, la cual ofreció a su diosa preferida, Atenea.    Eso ocurrió, de acuerdo a la leyenda, hace miles de años. Si trasladáramos la historia al siglo XXI, la cuestión cambiaría bastante. Por ejemplo, si esas tres Gorgonas hubieran nacido en la Argentina, no hubieran tenido esos horrendos atributos físicos (bueno, casi) y se hubieran llamado Felisa, Romina y Nilda.  También hubiera ocurrido al revés con el héroe de turno. En lugar de llamarse Perseo se llamaría Néstor. Y éste, en lugar de liquidar a las Gorgonas, resultaría petrificado por las maldades que ellas le están haciendo.      Tal es lo que está ocurriendo en estos días en la Argentina. Hay efectivamente tres Gorgonas criollas que están sacando de sus casillas a Néstor, quien pese a que lo están dejando petrificado de rabia con los desaguisados que están cometiendo, él se resiste a cortarles la cabeza. Vamos a repasar las maldades que cada una de esta Gorgonas vienen haciéndole al pobre Néstor. La Gorgona Felisa     Cuando Felisa Miceli se trasladó a los doce años desde su natal Luján al pueblo rural de Carlos Casares, en el oeste bonaerense, donde hizo sus estudios secundarios, lejos estaba de imaginar aún que diez años más tarde sería licenciada en Economía.  Mucho menos, claro, que sería ministra de esa crucial área del gobierno -si bien le cabe más el título de delegada personal del presidente Kirchner en el Palacio de Hacienda-, y menos todavía que ella, que siempre quiso mantener un perfil bajo, estaría ocupando actualmente cantidades importantes de centimetraje en los diarios y varios minutos en los espacios informativos audiovisuales junto a una mala palabra: corrupción.     Habiendo trabajado varios años junto a Roberto Lavagna, primero en su consultora Ecolatina y luego como presidenta del Banco Nación bajo la titularidad de aquél en la cartera de Economía, al ser designada como reemplazante de Lavagna de inmediato Felisa cumplió con el ritual impuesto por su jefe, Néstor Kirchner, tan habituado a esto de traicionar y vituperar a los que en algún momento lo impulsaron a las alturas. Abominó de Lavagna y de sus políticas económicas -las mismas en las que ella había colaborado- y se dedicó con ahínco a representar el nuevo papel de ministra que le habían encomendado.     Sin embargo, al poco tiempo de acceder a la función pública ya había comenzado a incurrir en algunos errores imperdonables. El primero, cuando ejercía la presidencia del Banco Nación -provocado seguramente por las debilidades en que incurre un corazón enamorado-, fue designar a su pareja, Ricardo Daniel Velasco, más conocido como “Pacha”, como asesor del Directorio del Banco, ignorando los cortocircuitos con los demás directores.  Eso sí, ambos cuidaron las formas y ese cargo quedó registrado como ad honorem.  El hombre pasó así a convertirse de carpintero de barrio, tal su verdadera y honorable profesión, a “hombre fuerte” del principal banco argentino. Paralelamente, como no podía ser de otra manera, la situación económica de “Pacha” mejoró ostensiblemente, cosa en la que no reparó en hacer ostentación. La feliz pareja Felisa-“Pacha” había iniciado un camino que pretendía emular al emprendido, en tiempos menemistas, por el matrimonio Fassi-Lavalle.     También comenzaron a aparecer los primeros hechos extraños en la carrera como funcionaria de Felisa. Al menos los conocidos.  Uno de ellos fue el robo a las cajas de seguridad en la propia casa central del Banco Nación, que como se sabe está ubicada frente a la SIDE y a metros de la Casa Rosada.  Un tema del que se dejó de hablar hace ya bastante tiempo, habiéndose olvidado también que poco antes de que fueran robadas esas cajas, “Pacha” Velasco había dispuesto el reemplazo del jefe de seguridad del Banco por un hombre de su confianza, proveniente de la Policía Federal.     Ambicioso y aprovechando cualquier oportunidad a mano para hacerse del control del Banco, el novio de Felisa comenzó a operar muy pronto.  Fue así como colocó a hombres de su círculo más cercano en lugares clave, como por ejemplo en Nación AFJP y en la administradora de los Fondos Comunes de Inversión.  No logró en cambio elevar a la vicepresidencia primera a su amigo Ricardo Lospinatto, por la resistencia del resto del Directorio y porque Lavagna fue más rápido para ocupar ese cargo con Oscar Ferrari, un abogado civil y comercial muy vinculado a Ecolatina.     Dentro de los manejos implementados por “Pacha” Velasco al amparo de su querida Felisa, figuró el de lograr que ella le adjudicara dinero del Banco para crear un fondo destinado a microemprendimientos -algo en lo que “Pacha” pensó apuntando a una futura carrera política-, el cual repartió entre diversas organizaciones sociales captadas para respaldarlo y le sirvió también para crear un ejército de contratados que actuaran como sus operadores.      Otro fue el intento de reducir la deuda que el Grupo Yoma tiene con el Banco Nación, para lo cual “Pacha” acordó directamente con Emir Yoma refinanciar dicha deuda, que supera los 80 millones de dólares, reduciéndola a 25 millones.  Por semejante hazaña iba a obtener, obviamente, una jugosa recompensa de parte de los Yoma. Pero en este caso su atrevimiento fracasó por la “voz de alto” que provino desde el ministerio de Economía, aunque algunos dicen que directamente desde Balcarce 50.      Donde sí tuvo éxito fue en lograr la adjudicación del Frigorífico Santa Elena -que había sido puesto nuevamente en marcha por una cooperativa de trabajadores que logró volver a hacerlo producir- a Sergio Taselli, el famoso acaparador de servicios ferroviarios, frigoríficos, yacimientos mineros y toda empresa digna de ser atrapada para luego destruirla, como es su “hobby”. Al concretarse la operación, la feliz pareja Velasco-Miceli se embolsó el jugoso 20% de la misma, en efectivo.     De pronto, Felisa es designada como la primera ministra de Economía con faldas.  Una afición, o quizás capricho, del presidente Kirchner esto de colocar mujeres en áreas tan delicadas donde jamás alguna había puesto el pie. Así le fue, pero dejaremos eso para más adelante.  El caso es que con Felisa en el Palacio de Hacienda, “Pacha” Velasco tuvo que amainar, o al menos disimular, su afán de hacer jugosos negocios y negociados y hacerse notar lo menos posible. Se dice que en ello habría tenido que ver cierta advertencia emanada desde el rosado edificio de enfrente.  Algo así como: “Mirá, Felisa, que ahora sos ministra de Economía, así que sujetá a tu novio o decile que se comporte, y que en todo caso sus negocitos privados no trasciendan ni al kiosco de la Planta Baja”. Sin embargo…     Cuando “Pacha” pasó de carpintero a asesor del Banco Nación, rápidamente se había apropiado de un suntuoso despacho perteneciente al Directorio pero que se encontraba vacío.  Precisamente, y no por casualidad, se instaló en el que se encontraba al lado del de Felisa y que tenía comunicación directa con éste. Cabe destacar que ninguno de los asesores profesionales del Directorio del Banco Nación cuenta con despacho propio. Haciendo ostentación de su poder, también se hizo asignar dos secretarias y uno de los automóviles con chofer del Directorio, aunque en realidad lo utilizaba poco y prefería movilizarse en su propia 4×4.      Para garantizar la reserva de sus movimientos y manejos, “Pacha” hizo que Felisa echara al jefe de seguridad del Banco y, como se dijo antes, colocara allí a un hombre de su confianza, proveniente de las filas de la Policía Federal. Fue así como Pedro Brunet se hizo cargo de la seguridad del Banco Nación, poco antes de ser saqueadas algunas de sus cajas de seguridad.  Finalmente por ese hecho sólo quedó una persona procesada, Honorio Martínez Ruiz, un ex agente de inteligencia conocido con el alias de “Membrillo” (justo, agréguele un poco de queso y tendrá un postre “vigilante”).     Ya instalado en el ministerio de Economía, “Pacha” Velasco también se aseguró de ocupar un lugar contiguo al despacho de Felisa. Tanto es así que a veces, cuando el ubicuo novio-asesor prefería evitar ir al sanitario ubicado en el largo pasillo donde daban esas oficinas, utilizaba el mismo baño privado de la ministra.  Un baño que en estos días ha alcanzado una fama impensable para una dependencia de naturaleza tan modesta.     Al día de hoy, Felisa Miceli no ha aclarado nada respecto del hallazgo en su baño privado de una bolsa conteniendo una cantidad de dinero que varía según el origen de la versión. De acuerdo al acta elaborada en primera instancia por los agentes de la Brigada de Explosivos que la encontraron, había casi 240.000 dólares entre billetes de esa moneda y pesos, empaquetados al estilo con que lo hace el Banco Central en sus transacciones internas o privadas. Una versión que es la más creíble por el origen de donde fue emitida. Probablemente por ello es que el acta en cuestión desapareció misteriosamente, sin siquiera haber salido del ministerio hacia su destino lógico, como es la superioridad de la brigada actuante. Simplemente, “se perdió”.     En cambio, la delegada personal del presidente Kirchner en el ministerio de Economía se ha remitido hasta ahora, además de sostener que la suma hallada era cuatro veces menor, a tartamudear otras contradicciones, ya suficientemente conocidas a través de su difusión por los medios, que van desde “unos ahorros para adquirir una casa que debía ir a ver”, pasando por “un préstamo de su hermano para comprar una casa que aún debía buscar”, hasta “un dinero que era para comprarle un departamento a su hija”.  Con lo cual la única excusa coherente que Felisa pudo articular -en medio de su marasmo mental por la estupidez del error cometido-, giró en torno a la supuesta compra de una propiedad.     Muy poco para convencer a propios y extraños, es decir desde el presidente hasta los diputados de distintas extracciones listos para armar un combo de presentaciones ante la Justicia, pedidos de informes en el Congreso y otras tribulaciones para Felisa.    En cuanto al carpintero-novio-asesor “Pacha” Velasco, resulta llamativo el silencio que se ha autoimpuesto en relación a este tema.  Salvo que ese silencio sea para apartar la atención sobre su persona, habida cuenta de que a algunos mal pensados se les ocurra barajar la idea de que la bien provista bolsa olvidada en el baño la haya dejado él mismo allí, para pasar a buscarla más tarde, con las oficinas ya vacías, después de contar los billetes quizás provenientes/destinados de/hacia alguno de sus negocitos privados o coimas, si bien es una suma algo exigua en comparación a las que se manejan en los más altos niveles de ese rubro. Es que, como dicen las abuelitas, “piensa mal y acertarás”.      Lo cierto es que el acto fallido de Felisa mereció hasta el comentario de la prestigiosa revista británica “The Economist”, que en su última edición, bajo el ominoso título “Corrupción en la Argentina”, señala que la cadena de acusaciones sobre corrupción contra el gobierno, entre ellas el caso Skanska y el affaire de la bolsa con dinero encontrada en el despacho de la ministra Miceli, “podrían haber sido un factor para que el presidente Néstor Kirchner desista de presentarse a la reelección”.    Aunque en caso de ser así, resulta extraño que el presidente le haya arrojado a su esposa, al designarla dedocráticamente candidata a sucederlo, el salvavidas de plomo cuyo lastre lo conforman precisamente el caso Skanska, la estupidez de Felisa, la crisis energética y la inflación descontrolada, además de otras ríspidas cuestiones que ya conocemos como la inseguridad, los estallidos sociales y reclamos salariales y los nuevos casos de corrupción en torno a los gasoductos en el norte y el sur del país, entre otras.    Una mochila demasiado pesada para una Cristina Fernández de Kirchner que está atrayendo serias dudas sobre su real capacidad mental y de gestión con la que debería afrontar, en caso de hacerse con los votos necesarios el próximo 28 de octubre, la conducción de la Argentina.     Es por ello que, a pesar de la defensa a ultranza que Kirchner todavía hace de su ministra de Economía, en la intimidad el presidente tiene los nervios de punta ante la seguidilla de desaguisados que se vienen cometiendo en su entorno cercano.  Ni hablar de la candidata Cristina, que a estas horas y con semejante panorama -además de intentar autoimponerse la creencia dictada por su esposo a toda costa, obviamente sin conseguirlo, de que se trata de una “campaña sucia”-, debe estar pasando por otro de sus remezones ciclotímicos.     Concretamente, la Gorgona Felisa parece haber logrado, salvadas las distancias, algo similar a lo conseguido en sus tiempos por una de sus antecesoras mitológicas, incluyendo una víctima extra: sumir en la confusión y paralizar no sólo a un héroe venido a menos como Néstor sino también a su consorte. Aquí no pudo repetirse lo del héroe Perseo. En este caso, Néstor no ha querido cortarle la cabeza a esta Gorgona y  ofrecérsela a su “diosa”. Algo cuyas consecuencias, más tarde o más temprano, pueden resultar nefastas.  La Gorgona Romina      En esta historia en la que se entremezclan seres mitológicos como las Gorgonas con la realidad argentina actual no pueden faltar las otras dos que completan la tríada que está asolando los nervios y la paciencia del presidente Néstor Kirchner.      Como se dijo antes, éste se aficionó, o se encaprichó, en colocar en la cabecera de áreas claves de su gobierno a mujeres. Dos de ellas, Felisa Miceli y Nilda Garré, ocuparon por primera vez en la historia local las carteras de Economía y de Defensa, respectivamente.  La última de ellas seguramente obedeciendo a la venenosa picardía presidencial de molestar a los militares.    En cuanto a Romina Picolotti, designada como secretaria de Medio Ambiente y Recursos Renovables, ya había tenido una antecesora de su mismo sexo, la nunca bien recordada María Julia Alsogaray.  Sin embargo, las hazañas protagonizadas en poco tiempo por Romina dejan a María Julia casi a la altura de una infanta de biberón.     Suficientemente difundidos como para reiterarlos aquí fueron ya los detalles de la excelente investigación llevada a cabo por el periodista del diario “Clarín” Claudio Savoia, de la que surgen elementos que hacen que la Argentina -agregando a dichos elementos los casos Skanska, Greco, baño de Miceli y gasoductos, entre otros- no tenga nada que envidiar a los actos de corrupción que se suceden en otros países latinoamericanos supuestamente más escasos de moral republicana, como por ejemplo Paraguay, Venezuela o Guatemala.      Precisamente nuestro país, desde hace varios años, no logra mejorar las notas de “aplazo” que en tal sentido surgen de los índices elaborados por la organización Transparencia Internacional.  En una escala que va desde 1, lo peor en materia de corrupción, hasta 10, que refleja una situación óptima de transparencia, la Argentina no logra superar su “mejor” nota alcanzada hace un año, que fue 2,8. En cuanto al ranking planetario, elaborado entre 163 países, Argentina se ubicó bastante por debajo de la mitad, en el puesto número 97, compartiendo ese “honor” con Armenia, Siria, Eritrea, Bosnia-Herzegovina y Tanzania.     Para Laura Alonso, directora ejecutiva de Poder Ciudadano -el capítulo argentino de Transparencia Internacional-, esa situación obedece “a la ausencia de una agenda de lucha contra la corrupción sostenible en el tiempo y al desapego a la ley”, entre otras cuestiones. Según esa organización, para mejorar el puntaje argentino deberían promoverse, por ejemplo, las leyes de libre acceso a la información pública, de protección de denunciantes y arrepentidos de actos de corrupción, y acentuarse el fortalecimiento de los sistemas de auditoría interna y externa.      Una verdadera utopía en este país que habitamos y, sobre todo, con los gobiernos que se han venido sucediendo hasta hoy.     Volviendo a las andanzas de nuestras Gorgonas vernáculas, lo de Romina Picolotti representa, en sólo un año exacto que lleva en su actual función, todo un récord en materia de desaciertos y corruptelas. Cabe señalar que sólo un día antes de asumir, el 7 de julio del 2006, su mentor y acérrimo defensor, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, logró que la secretaría de Medio Ambiente fuera transferida del área del ministerio de Salud a la suya.      Pronto comenzaron los tropiezos de Romina: le aseguró al presidente Kirchner que el Banco Mundial no otorgaría los créditos solicitados por Botnia para construir su planta en Uruguay y que eso “heriría de muerte al proyecto”, pero la empresa no sólo no tuvo ningún inconveniente en obtener esos fondos sino que en breve inaugurará los trabajos en la planta; les prometió a los asambleístas de Gualeguaychú que los jueces de la Corte de La Haya atenderían el reclamo argentino y a Kirchner que aquellos liberarían las rutas y puentes, y no ocurrió ninguna de las dos cosas; y el otro desafío de Romina, organizar y poner en marcha la limpieza del Riachuelo, además de no mostrar grandes resultados está seriamente cuestionado por la Corte Suprema de Justicia.     El resto, como se mencionó anteriormente, es historia conocida. Romina ha dejado el tendal de fondos usados discrecionalmente, ya sea para contratar un ejército de nuevos empleados con la excusa de “ampliar las funciones de la secretaría”, alquilar dos edificios extras para diseminar ese ejército; contratar hermanos, cuñados/as, amigos/as y demás deudos con sueldos que en muchos casos superan con creces al del propio presidente de la Nación, lo cual hace quedar al tan mentado nepotismo inventado por los Papas del Renacimiento a la altura de un poroto; adquirir cuatro camionetas 4×4 “Hilux”, eso sí, argumentando que “se compraron baratas”; y batir también un récord en cuanto a frecuentes viajes en aviones privados a su provincia natal, Córdoba, donde tiene radicada una fundación ahora conducida por su esposo; además de desviar fondos de la secretaría hacia otro organismo con el objeto de liquidar a través del mismo varias facturas de gastos no declarados, entre otros despilfarros.  Lo del alquiler del departamento de su hermano en el exclusivo complejo “Le Parc” de Puerto Madero y las comidas de éste en restaurantes de primer nivel lo dejaremos, en todo caso, para la “caja chica” de Romina.     El caso es que esta muchacha tan dispendiosa ya se ha hecho acreedora en pocos días  a cuatro denuncias ante la Justicia por presunta defraudación e incumplimiento de sus deberes de funcionaria. La primera de ellas fue radicada por el abogado multidenunciante Ricardo Monner Sanz, y recayó en el juzgado federal de Ariel Lijo; la segunda, del dirigente peronista Juan Ricardo Mussa, fue a parar al juzgado de María Romilda Servini de Cubría; mientras el diputado del ARI Adrián Pérez radicó otra denuncia por “malversación de fondos públicos y defraudación al Estado”.  En tanto, Romina ya había sido denunciada por los abogados Enrique Piragini y María Daniela Llanos por presunta malversación de caudales públicos ante la comisaría 12ª de la Policía Federal, y si la Fiscalía correspondiente decide investigar los hechos la causa estará a cargo del juez federal Julián Ercolini.     Sin embargo estas actuaciones judiciales en trámite parecen no hacer mella en el ánimo de esta otra Gorgona nacional. O bien porque tiene ataques de autismo o porque se recuesta en exceso sobre el hombro de su mentor y jefe directo, el jefe de Gabinete, lo cierto es que a Romina se la vio -sólo eso ya que no emitió ni una palabra- sentada con cara de póker al lado de Alberto Fernández cuando éste brindó una de sus mal llamadas “conferencias de prensa”, en realidad el monólogo habitual en los funcionarios de este gobierno ya que no permiten preguntas a los periodistas presentes.      Como todos también sabemos, en su monólogo Fernández, asumiendo una desmedida y ciega defensa de la funcionaria a su cargo, lo único que hizo fue insultar el trabajo y la propia persona del periodista autor de la investigación sobre las travesuras de Romina, Claudio Savoia, presente en la sala donde se llevó a cabo la “conferencia”, pero en realidad sin desmentir absolutamente nada de lo afirmado por éste.      Al respecto es válido reproducir los conceptos del eminente constitucionalista Daniel Sabsay, quien afirmó, al referirse precisamente a que ninguna de las afirmaciones de la investigación fueron desmentidas, que “sólo se criticaron las intenciones por la cual se habría hecho, pero en ningún lugar realmente se dice que no es cierto y por el contrario, se acepta lo de los parientes porque no desconoce la cantidad de familiares y amigos que han sido contratados.  Se trató de despreciar el trabajo serio de un periodista que estuvo allí presente y no tuvo derecho a réplica, lo cual me parece muy grave porque invade la esfera del derecho constitucional y supera la gestión ambiental. Es decir, por la forma en que se dificulta que la libertad de expresión y de prensa sea eficaz y efectiva y se ejerza como dice la Constitución. Criticar a la fuente es la manera más antigua y más burda de tratar de desacreditar la información, es decir acusar al mensajero y no al mensaje”.     Quizás por ello numerosos hombres de prensa agrupados en el Foro de Periodistas Argentinos (FOPEA), se refirieron a casos como el del gobierno nacional, cuyos funcionarios, del presidente hacia abajo, en los últimos cuatro años no mostró ningún interés en conceder entrevistas periodísticas, realizar ruedas de prensa ni permitir que cuando hay alguna se hagan preguntas, señalando que tanto el oficialismo nacional como el de algunas provincias están extremando el trazado de una línea divisoria entre “periodistas amigos” y “periodistas enemigos”.      Recordaron en ese sentido también a gobiernos como el de la provincia de Salta, que aplica esas mismas prácticas excluyendo a periodistas que no acreditan “obediencia oficialista”, o al de Río Negro, donde antes de comenzar sus ruedas de prensa el gobernador señala a periodistas “indeseables” a los que se advierte que no podrán efectuar preguntas.     De allí que los 180 periodistas nucleados en FOPEA decidieran convocar a representantes de la Academia Nacional de Periodismo, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), el Club Gente de Prensa, la Asociación de Periodistas de la Casa Rosada y el Círculo de Periodistas Parlamentarios, entre otras entidades, para analizar la posibilidad de realizar un boicot contra las conferencias de prensa en las que no se permitan preguntas.  A la vez, se consideró el pedido a los jefes de redacción de los medios para que no llamen más “conferencias de prensa” sino “actos políticos” a lo que, en realidad, son monólogos de funcionarios como el del jefe de Gabinete, antes citado.     Tales las tempestades generadas por otra de las Gorgonas nacionales. En este caso Romina Picolotti, una joven proveniente de la izquierda y de su trabajo anterior en el que entrelazaba las luchas por los derechos humanos y el medio ambiente y que, como muchos de sus congéneres, parece  haber caído en las tentaciones del aburguesamiento y las mieles del buen vivir.  En este caso no a través de jugosos subsidios otorgados por el presidente como en el caso de los percibidos por Hebe de Bonafini y su irregular Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, sino mediante el uso y abuso de los recursos asignados al área y a la función encomendada que acabó por deshonrar.     Con lo cual nuestro héroe, no el griego sino el también criollo, Néstor, se ve en la encrucijada planteada por otra de las Gorgonas, no sólo por su comportamiento sino además porque la defensa a rajatabla que de ella hizo el jefe de Gabinete le trae aparejado ahora otro frente de tormenta como es una virtual rebelión de periodistas, cansados de tantos desprecios y abusos, lo cual no es poco.      Más dolores de cabeza sin pausa para él, precisamente por su falta de decisión para cortar la de las Gorgonas que lo desequilibran, tanto como al panorama electoral de su consorte y heredera.  La Gorgona Nilda     Queda por referirnos a la tercera de las Gorgonas, Nilda Garré.  Se trata de alguien que por otro de los caprichos presidenciales, como se mencionó anteriormente, fue trasladada desde la embajada argentina en Venezuela -donde supo hacer muy buenas migas con el presidente Hugo Chávez- nada menos que a la titularidad del ministerio de Defensa.  Con la muy probable intención, como también se dijo, de irritar al sector militar, que se vio obligado no sólo a hacerle la venia a una autoridad con faldas, es el mismo sector, dicho sea de paso, del que proviene su vocero, el periodista Jorge Bernetti, esposo de la Directora General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, Adriana Puiggrós, ex vocero del gobernador Felipe Solá hasta que Nilda lo llamó a su lado y autor de un libro titulado “El Peronismo de la Victoria”, donde según relata se exilió en México para integrar la contraofensiva de la Organización Montoneros en 1980.     Esta otra Gorgona no ha sabido, en realidad, demostrar ninguna idoneidad para ese cargo. Lo único que ha elaborado hasta ahora, más bien un trabajo de sus asesores, ha sido un profundo cambio en los planes de estudio de los liceos y colegios militares, lo cual le ha acarreado no pocas protestas de padres de los alumnos.      Donde Nilda se ha destacado, y no precisamente por su habilidad sino todo lo contrario, es en el manejo de la crisis de los radares del aeropuerto de Ezeiza y del Aeroparque Metropolitano, donde como se recordará hubo algunos casos de “cuasi-colisión” de aeronaves comerciales y, según denunció hace pocos días el cineasta y ex piloto Enrique Piñeiro, recientemente estuvieron a punto de colisionar sobre la ciudad de Buenos Aires otro avión comercial y nada menos que el helicóptero presidencial.  Al respecto, la Casa Rosada mantuvo un hermético silencio acerca de si en ese momento el presidente Kirchner se encontraba a bordo del helicóptero.     Después de varios meses de radares fuera de uso por mal estado y de conflictos a los que se vieron arrastrados los controladores aéreos, la ministra de Defensa sólo atinó a cambiar la autoridad de la Fuerza Aérea a cargo de esos sistemas de control de vuelo por un civil, cuya idoneidad en la materia dejaría mucho que desear.  Otra afición de Nilda ésta de cambiar uniformados por civiles. Poco tiempo atrás también le quitó a la Fuerza Aérea el tradicional manejo del Servicio Meteorológico para ponerlo en manos de personal civil. Quizás por ello ahora los pronósticos meteorológicos aparecen tan dispares en los noticieros televisivos: un canal pasa un pronóstico, otro uno diferente y así sucesivamente, cuando antes los mismos eran uniformes, más allá de si eran acertados o no.     Respecto de los radares, la insólita dilación en reponerlos o efectuar el correspondiente mantenimiento a los vetustos equipos que están operando -en algunos casos desde 1970-, y a pesar de los peligros que esa dilación acarrea a la seguridad de los vuelos comerciales, Nilda actuó con una irritante parsimonia, y recién para principios de julio se estimaba la puesta en marcha de un radar prestado por el gobierno español hasta que la Argentina adquiriera equipos definitivos. Ello ocurriría, según el gobierno, recién para octubre o noviembre próximos. En tanto, la mayoría de los vuelos comerciales continúan librados a la buena suerte y a la ayuda de algún amuleto que los pasajeros atinen a llevar encima.     Otra demostración de la incapacidad de esta Gorgona para el cargo que desempeña se pudo observar cuando debió comparecer ante una reunión del Congreso, donde después de varias convocatorias para que acuda a brindar informes sobre el tema de los radares, de las que había logrado escabullirse, finalmente se presentó.  Sólo para mostrar la pobre imagen de una persona que balbuceaba incoherencias, apuntalada mayormente por un equipo de asesores que cargaba kilos de documentación, sin que en definitiva aclarara nada.  De todas maneras, la mayoría kirchnerista en el Congreso acudió una vez más, piadosamente, para salvar a uno de los suyos, dio por terminada la sesión y esa convocatoria para brindar información pasó sin pena ni gloria.    Es decir que tenemos aquí a la tercera Gorgona que sólo atrajo más tribulaciones para el héroe de nuestra historia, Néstor, nuevamente aquí víctima de su propia parálisis y falta de decisión para cortarle la cabeza a tiempo y evitar las ya reiteradas jaquecas que se abaten sobre la suya. Conclusión     En medio de esta historia con personajes mitológicos como las Gorgonas reencarnados en modernos monstruos que trastornan actualmente la psiquis presidencial, como lo son en estos momentos las funcionarias Felisa Miceli, Romina Picolotti y Nilda Garré, se hace evidente que Néstor Kirchner se debate, además de los casos de corrupción y de “mala praxis” de aquellas y los otros temas candentes ya citados, en aguas demasiado agitadas.    El presidente se encuentra en estos días ante la encrucijada de cortar la cabeza, como lo hizo según la leyenda Perseo, de al menos alguna de esas Gorgonas, blandiendo la espada en defensa de su diosa, en este caso la flamante candidata presidencial, por primera vez en la historia política argentina impuesta y no elegida como ha sido habitual a través de internas o congresos partidarios.      Al menos en un intento por allanarle a su esposa en algo el camino y quitarle del mismo alguna de las piedras que lo hacen incómodo, como por ejemplo heredar, además de las tantas dificultades mencionadas anteriormente, funcionarios con vergonzosos papelones sobre sus espaldas.     La cabeza de Romina Picolotti seguirá al parecer por el momento en su sitio, habida cuenta de la dura defensa que salió a hacer de ella el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que es como decir la voz presidencial.      La de Nilda Garré también muy posiblemente continúe sobre los hombros de su portadora, ya que Kirchner no tendría a mano, al menos por el momento, otro candidato potable para reemplazarla.     Quizás el presidente esté evaluando probar el filo de su espada sobre el cuello de Felisa Miceli, si bien, por más que se trate de una salida ya sea drástica o elegante la que pretenda darle a su delegada personal en el Palacio de Hacienda, ello podría resultar un arma de doble filo.  La gran duda es si le deja a Felisa en herencia a Cristina, con la posibilidad de que la ministra deba acarrear con causas judiciales y pedidos de informes por parte de la oposición, o la quita de en medio en momentos en que se incentiva la campaña “Cristina presidenta”, afectándose de ambas maneras la imagen del apellido presidencial.     Lo cierto es que  no son pocos los monstruos que sobrevuelan sobre Néstor Kirchner y su consorte.  Tal vez el hombre que vino del frío quisiera en estos momentos, siempre al estilo de otros personajes mitológicos, consultar al Oráculo para que le indique el camino a seguir. O quizás a la Esfinge.      Aunque esta última es mucho más peligrosa, ya que a cambio de sus consejos y antes de seguir su camino, el interesado debía resolver un acertijo que aquella le proponía, y si no lo hacía, como solía ocurrir, aquella lo devoraba.     Y el presidente, en estos momentos, parece estar a punto de ser devorado, si no por la Esfinge, sí por las propias dudas en que se está debatiendo. Carlos Machado 


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